Monday, January 09, 2006

Corporaciones: ¿buenas, malas o humanas?

Por Manuel Sbdar. Columna publicada en www.clarin.com

De las 100 mayores economías mundiales, 51 son corporaciones y sólo 49 son países. Los ingresos de las 200 primeras compañías equivalen al 27% del PBI mundial. En base a estos datos, ¿quién negará que las corporaciones “dominan” buena parte de nuestras vidas? Ellas producen y comercializan muchos de los alimentos que comemos, los autos que manejamos, las películas que vemos, las computadoras, los electrodomésticos... La lista no tiene fin. Sin embargo, a pesar de los invaluables servicios que nos prestan, muchos se refieren a ellas en tono despectivo. El gurú de la tecnocracia Howard Scott alguna vez dijo: “Un criminal es una persona con instinto depredador que no tiene suficiente capital para formar una corporación”. El activismo anti-corporativo suma millones de personas alrededor del mundo y tiene sus propias organizaciones y foros de Internet. Pero, ¿a qué se debe este desprecio por estas organizaciones tan centrales en nuestras vidas? Tal vez un breve recorrido por la historia nos ayude a echar algo de luz sobre el asunto. Las corporaciones de negocios modernas nacen con el capitalismo temprano, hacia el siglo XVII. En muchos casos, surgen al amparo de gobiernos que pretenden fomentar ciertas actividades comerciales demasiado costosas o riesgosas como para ser desarrolladas por individuos aislados. Con la Revolución Industrial del siglo XIX, se forman las primeras grandes compañías industriales que se independizan de la tutela estatal. Sin embargo, el gran salto ocurre en el siglo pasado, con el proceso de multinacionalización de las grandes empresas. Es así como Coca-Cola, McDonald’s, Ford, Carrefour, Shell, Microsoft, IBM y tantas otras, se convierten en parte de la vida cotidiana de millones de seres humanos hasta los rincones más recónditos de la Tierra. ¿De dónde viene la mala imagen a las corporaciones? Muchos las asocian con la ambición desenfrenada, el ansia de lucro a cualquier precio y el desprecio hacia el medio ambiente. Y, si bien las críticas no puede aplicarse a todas las compañías, en ciertos casos no está alejada de la verdad. El caso más extremo tal vez sea el de la United Fruit, que desde sus oficinas centrales en Guatemala, instalaba dictadores en Centroamérica para asegurar su negocio de exportación de bananas a los Estados Unidos. Esta clase de conductas reprochables no son sólo recuerdos sino una triste realidad de nuestro tiempo. Piense en los megafraudes contables de Enron, WorldCom, Parmalat y Vivendi. Piense en las turbias intrigas de Halliburton, aquella empresa vinculada a Dick Cheney, vicepresidente de los Estados Unidos, acusada de instigar la invasión a Irak para realizar oscuros negocios. La ola de escándalos parecen dar la razón a lo que alguna vez dijera el escritor norteamericano Ambrose Bierce: “Una corporación es un ingenioso instrumento para obtener beneficios individuales sin responsabilidad individual”. En su libro When Corporations Rule the World, David Korten, ex-catedrático de negocios de Harvard, critica el enfoque liberal que pregona por la desregulación de las actividades de las corporaciones para impulsar sus capacidades de producir riqueza. Sin intenciones de caer en groseras generalizaciones las corporaciones no reguladas muchas veces realizan acciones reñidas con la moral, justificando así el desprecio que muchos sienten hacia ellas. Sin embargo, tras la reciente ola de fraudes algo parece estar cambiando. Los gobiernos parecen estar comprendiendo que la absoluta libertad corporativa puede ser fuente de grandes males. Esto derivó en la aprobación de la ley Sarbanes-Oxley en julio del 2002 por parte del Congreso de los Estados Unidos. Es el intento más agresivo de regular las corporaciones desde los años 30. ¿Podrá esta nueva ley restaurar los principios éticos en la vida corporativa? Es demasiado pronto para realizar un diagnóstico. Pero al menos parece un paso en la buena dirección, un paso que acerca a las corporaciones a lo que fueron en sus orígenes, compañías comerciales capitalistas aunque sometidas a la vigilancia estatal. Es indudable que las multinacionales seguirán dominando la economía global por muchos años más. Y tal vez no esté mal que así sea. Sólo ellas pueden costear la investigación y desarrollo necesarios para ofrecer cada vez más y mejores productos que hacen más amenas, confortables y duraderas nuestras vidas. Si se uniera esta capacidad con un compromiso social, la mala fama que se han ganado no tardaría en desaparecer.

Manuel Sbdar es Director de Educación Ejecutiva de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella msbdar@utdt.edu

1 Comments:

At 12:36 PM, Blogger exd0kl67 said...

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